De soberano porte, la Jara, engalana y viste con su tosco manto verde, las estribaciones de nuestros montes de Toledo. Sahuma con su intenso, su añejo olor, el entorno donde guarecen a su cobijo, ciervos, corzos, jabalíes, raposos y tantos más moradores de tan basta sierra.

Con la llegada de la primavera, no se torna inerte ante el cambio estacional y nos seduce con la pasmosa sencillez de su magna flor blanca.

Arraigado a tal entorno, por mis vínculos de progenie y cinegéticos, no tengo por más que dedicar mi afijo “Los Jaronales” a tan emblemática planta.

Su nexo con el Teckel, tampoco pasa desapercibido. Si bien se ofrece como escenario de lances en arduas jornadas de caza, comparten virtuosos valores, tales como su imponente gallardía, recia estampa e insólita fortaleza.

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Bienvenidos a “Teckel Los Jaronales“.

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